
"Acompaño a cada persona a reencontrarse con el mundo espiritual que habita en ella"

Soy Roxana Cubas Trachta
Facilitadora de procesos de transformación y autoconocimiento.
En 2019 mi vida cambió por completo. Terminé una relación de pareja, tuve que mudarme y, sobre todo, dejé mi trabajo en empresas. Todo a la vez. Nunca me había imaginado trabajar de esto: solo sabía que ya no quería lo otro, pero no sabía hacia dónde iba. Fue un salto al vacío.
Un tiempo antes, en un viaje de tambor buscando mi animal de poder, se me había aparecido un águila. En una ceremonia de medicina volvió con más fuerza, y fue ella la que, de alguna manera, me empujó a caminar. Así, todavía con miedo, tomé una decisión que fue parte de ese cambio: hacer el Camino de Santiago por primera vez.
Llegué con fiebre y muy cansada a Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, donde empieza uno de los caminos. El primer día fue muy duro. Estaba sola, enojada, confundida. Empecé a caminar antes de las cinco de la mañana, siguiendo a otra persona para no perderme en la neblina. Todo era subida y no me había preparado físicamente, mucho menos emocionalmente. Cada paso era una explosión de emociones. Lo único que sabía era que no iba a retroceder, aunque me doliera el alma.
Cuando llegué a lo más alto de la montaña, me di cuenta de que la mochila era todo lo que cargaba en mi vida, y el camino era la vida misma. Nunca se trató de llegar a Santiago, sino de vivir el presente en cada paso.
Entre 2021 y 2023 mi cuerpo también habló. Una enfermedad me obligó a detenerme, a escuchar lo que sentía y a volver a mí.
En 2024 volví al Camino, pero ya no era la misma que en 2019. Esta vez no fui sola: caminé con mi hija y una amiga. Después de un tiempo en el que casi no podía caminar, hacer el Camino fue una demostración de fortaleza y de fe.
Lo que más me enseñó fue lo que viví: las pérdidas, el Camino, la enfermedad. Antes del Camino ya me había formado en chamanismo y en distintas terapias de sanación, pero fue a partir de él que todo eso tomó sentido: ya no era solo por saber, sino por dar. Hoy sigo sumando herramientas y, en paralelo, hice y continúo estudios académicos en ciencias sociales, que cambiaron mi manera de mirar a las personas y sus historias.
Todo eso es lo que hoy me permite acompañar a otros desde mi propia experiencia. Muchas veces llegamos cargando una mochila que no es nuestra: historias de la familia, miedos heredados, cosas que no supimos soltar. Mi trabajo es acompañarte a mirar qué llevás, qué te pertenece y qué podés dejar en el camino, para que te encuentres y conectes con la dimensión espiritual que hay en vos.
El águila sigue siendo mi guía: me recuerda mirar desde lo alto, sin perder de vista cada paso.
Si sentís que es tu momento, acá estoy para caminarlo con vos.
Con amor, Roxy.
Próximos Encuentros


Cuando el espíritu se eleva como águila, deja de buscar el camino: se convierte en él.














